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¿Cómo se organizan los recursos para los movimientos sociales, cuando todo el ecosistema de financiamiento está bajo amenaza?

Kellea Miller

Este artículo fue publicado originalmente en el sitio web de la red Human Rights Funders


Nos encontramos en un estado de incertidumbre global. En unas pocas semanas, la propagación del COVID-19 ha cambiado drásticamente el panorama de nuestras vidas, nuestras economías, y nuestros lugares de trabajo. Las deficiencias históricas de los sistemas de atención, salud y riqueza están teniendo efectos terribles, en particular para las personas cuyas subsistencias, comunidades y cuerpos están más en riesgo.

No podemos predecir cuáles serán los efectos en el corto ni en el largo plazo. Podemos, sin embargo, prever tres cosas:

Primero, los movimientos sociales se movilizarán. Lxs activistas feministas ya están organizando acciones solidarias a nivel local, nacional y global,  que hacen una gran diferencia para quienes se ven más afectadxs. En el Reino Unido, QueerCare ha movilizado a más de mil voluntarixs para brindar  asistencia recíproca en comunidades queer, y se están formando cientos de grupos de ayuda mutua. Lxs feministas negrxs han armado un círculo de respuesta inmediata para «responder a las necesidades urgentes de feministas negrxs que están viviendo, cuidando, sanando, respondiendo y más al COVID-19». Activistas feministas de Varsovia están construyendo redes de apoyo para sostener a quienes están perdiendo sus trabajos, y ayudándose mutuamente en el cuidado de sus niñxs. En todo el mundo, los movimientos feministas están reclamando su lugar en las acciones sanitarias globales: saben demasiado bien que las mujeres, las niñas y las personas trans y de género no normativo se hacen cargo de los cuidados, pero en general están excluidas de los lugares de poder durante las crisis sanitarias.

Esto es solo el comienzo.

Segundo, los fundamentalismos y los fascismos en auge, que han intentado cerrar el espacio a las organizaciones de la sociedad civil durante décadas, intentarán aprovechar este momento para impulsar sus agendas y ganar poder. Debemos oponernos a esto. Y debemos oponernos ahora.

Tercero, en este contexto, la dotación de recursos para la justicia social deberá cambiar. Esto tiene que ver con respaldar a los movimientos sociales en lo inmediato, y fundamentalmente, con repensar nuestros sistemas económicos más amplios.

En este momento de incertidumbre, lxs donantes progresistas tienen un rol vital: apoyar las respuestas de los movimientos a los efectos sociales, políticos y económicos de la pandemia. Varias fundaciones ya están tomando medidas.

Lo más apremiante es que lxs donantes pueden (y deberían) tomar medidas provisionales inmediatas en apoyo a las organizaciones:

  1. Como ya han empezado a hacer varios organismos financiadores, ofrecer inmediatamente extensiones sin costo para todos los subsidios en curso. No podemos pretender que todo siga igual, y mucho menos para quienes están en las primeras líneas de la organización comunitaria. Las extensiones sin costo son una práctica no negociable para una financiación sensible ante esta crisis.

  2. Dada la cancelación o postergación de muchos encuentros internacionales de 2020, redirigir los presupuestos para viajes y eventos a las acciones solidarias feministas y a las nuevas formas de organización (incluidas las redes comunitarias de apoyo mutuo, las prácticas emergentes de solidaridad y las economías para  atención y cuidado, los servicios que incorporan la ayuda mutua y la prevención de la violencia). Este no es momento de aferrarse a las partidas planificadas, sino de reasignar los fondos de forma audaz e, idealmente, en gran escala. Sigan leyendo para encontrar algunas ideas sobre cómo hacerlo.

  3. Fortalecer, expandir y priorizar los subsidios para  las comunidades más afectadas, incluidas aquellas que trabajan en la intersección del activismo feminista y la justicia económica,  los movimientos liderados por personas con discapacidades y enfermedades crónicas, las comunidades LBQTI y otras que están en la primera línea de la atención basada en los derechos de la salud, los cuidados y la economía. Si buscan redireccionar sus presupuestos, pueden pensar en subsidios de emergencia, armar nuevos fondos comunes con donantes aliadxs, o renovar los subsidios existentes. En todos los casos,  hay que contemplar que los procesos de solicitud de fondos sean lo más simples posibles, y con plazos de asignación rápidos.

  4. Apoyar el cuidado colectivo y la seguridad holística. Ya sea mediante subsidios adicionales, a través del apoyo básico o (al menos) de declaraciones de solidaridad, debería resultar claro para lxs asociadxs que el dinero de los subsidios puede ser utilizado para el bienestar, el cuidado y la seguridad (a nivel psicosocial, físico y digital) de su personal y de sus comunidades.

  5. Si todavía no lo han hecho, convertir a todos los subsidios en apoyo básico y flexible (e, idealmente, multianual). El momento actual subraya la absoluta necesidad de agilidad y de estrategias autodefinidas basadas en las realidades y los contextos de las propias comunidades. Esta crisis es solo un síntoma de problemas sistémicos más amplios en lo que respecta a cómo son gobernadas las sociedades y las economías, y a cómo se explota la Tierra. Asegurémonos de que los movimientos sociales y las comunidades que tienen las soluciones para transformar nuestro mundo reciban recursos para poner en práctica estas soluciones.

  6. Cuando resulte útil, invertir en el acompañamiento de las tecnologías innovadoras, la organización virtual y la seguridad digital de lxs beneficiarixs para el activismo en línea. Asociarse con grupos feministas de tecnología como la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC), y con organizaciones con experiencia de activismo y trabajo global en forma remota como AWID y FRIDA | Fondo de Jóvenes Feministas.

  7. Ser honestxs sobre los propios procesos. De forma lo más veloz y transparente posible, compartir cómo están ajustando o refinando la financiación en respuesta al momento actual. Esta declaración conjunta de London Funders es un gran ejemplo. Al mismo tiempo, la coyuntura resulta complicada e impredecible para todxs: es preciso trabajar sobre el cuidado colectivo, el apoyo al personal y a lxs asociadxs, y construir espacios de reflexión para reevaluar las prioridades.

  8. Como siempre, influir sobre los colegas donantes para que tomen estas medidas, de modo tal que se ofrezcan recursos en solidaridad con los movimientos sociales en esta época de crisis. Esto incluye impulsar el análisis con perspectiva de género de la financiación de la salud, y la asignación de recursos significativos y sustanciales para los movimientos feministas que se están ocupando de la crisis.

Estos pasos son un comienzo, y contribuirán considerablemente a una financiación sensible y efectiva durante las próximas semanas y los meses venideros.

Si ampliamos el plano a la imagen general, este momento requiere un cambio más fundacional. La financiación para el cambio social debe ubicarse en el contexto de un sistema económico fallido. Ya no podemos permitirnos ignorar las fuerzas destructivas de la acumulación de la riqueza global, el trabajo precario, y la aniquilación de la protección social.

No podemos hablar de financiación para los movimientos sociales y luego desentendernos de las otras formas en que el dinero se mueve contra nosotrxs, a veces desde las mismas instituciones financiadoras. Y no encontraremos un camino hacia adelante que esté basado en la solidaridad si no reinventamos, con honestidad y audacia, el ecosistema de financiación en su totalidad.

Category
Análisis
Region
Global
Source
AWID