PRIMERA PLENARIA: Mujeres Organizando Y Transformando El Mundo
Los movimientos sociales están en todas partes, y si bien a veces se presentan como un iceberg, como dijo Geetanjali Misra, la fuerza de lo que se mantiene fuera de vista es tan poderosa, que es lo que hace que los cambios sean posibles.
Organizada por: AWID
Presentadoras: (haz click en los nombres de las presentadoras para leer y escuchar sus ponencias)
Geetanjali Misra, CREA (Creating Resources for Empowerment in Action), India.
Lydia Alpízar Durán, AWID, México/Costa Rica
Cindy Clark, AWID, USA.
L. Muthoni Wanyeki, Comisión de Derechos Humanos de Kenia, Kenia.
Mijoo Kim, Red de Arte y Cultura de Mujeres con Discapacidades, Corea del Sur.
Nadine M, El Líbano.
Mónica Alemán, Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI), Nicaragua.
No alcanza con la ira y con decir que no” Presentación de Geetanjali Misra, India
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Buenos días a todas y a todos. Soy Geeta Misra. Soy la Presidenta de AWID y la Directora Ejecutiva de CREA. Es un placer para mí darles la bienvenida a todas y a todos al undécimo Foro de AWID en Ciudad del Cabo: El Poder de los Movimientos.
Quiero comenzar con una palabra. Una palabra que nació en Sudáfrica donde hoy nos hemos reunido para hablar sobre el poder de los movimientos. Una palabra que evoca una de las luchas más monumentales del mundo: la lucha contra el apartheid, el sistema de segregación racial que estuvo vigente en Sudáfrica durante casi cincuenta años.
La palabra con la que quiero abrir esta plenaria de AWID es “Amandla”, un término xhosa y zulú que significa “poder” y que cuando se presenta acompañado por “Awethu” (“Amandla Awethu”), significa el poder para nosotras, o el poder para el pueblo. Estas son palabras que tuvieron la fuerza para que el poder cambiara de lugar como otras palabras que me vienen a la mente. “Azaadi” — la palabra que significa libertad en hindi — es una de ellas. Fue el grito que unificó la lucha por la independencia de los británicos en India, y hoy forma parte del movimiento de mujeres en ese país que es el mío. Por supuesto que no alcanza con las palabras para producir cambios sociales. Pero como dijera alguna vez el autor de teatro británico Tom Stoppard, “Las palabras son sagradas. Si logras decir las palabras correctas en el orden correcto, podrás sacudir un poquito al mundo”.
Me gustaría evocar el poder de los movimientos que han sacudido un poquito al mundo compartiendo con ustedes algunas de las consignas más conocidas que se asocian con ellos. Estas consignas no son sólo palabras. Representan las demandas de la gente que lucha por la justicia social en varios frentes:
- ¡Trabajadores (y trabajadoras) del mundo uníos! ¡No tenéis nada que perder salvo vuestras cadenas!
- Hagamos el amor y no la guerra.
- Lo personal es político.
- Los derechos de las mujeres son derechos humanos.
- Mujeres, unámonos. Que la noche vuelva a ser nuestra.
- ¡Es mi cuerpo, yo elijo!
- Dame placer de manera segura.
- El amor es un derecho humano.
- Silencio = Muerte.
- Aquí estamos. Somos gente rara. Mejor que se acostumbren.
- Las chicas buenas van al cielo. Las chicas malas van a todas partes.
- No me hablen de máquinas de coser. Háblenme de los derechos de las trabajadoras.
- ¡Sí se puede!
- Otro mundo es posible.
Como nos lo dicen estas consignas, los movimientos sociales tienen sus raíces en la lucha contra una variedad de opresiones e injusticias. Los movimientos sociales pueden ser locales, nacionales, regionales o transnacionales. Pueden surgir en cualquier parte, y sus semillas se pueden sembrar en cualquier parte: en las calles, en las barriadas, como el movimiento sudafricano de personas que viven en casas precarias; en las cafeterías de las universidades, como el movimiento estudiantil contra la guerra en Vietnam; en lugares de trabajo, como el movimiento Solidaridad en Polonia; donde viven las personas desplazadas por los supuestos proyectos ‘para el desarrollo’ como la represa Narmada en India; o en la Internet a través de sitios como moveon.org que canalizó la resistencia y la indignación mundiales contra la guerra en Irak. Pueden surgir donde hay democracia, en situaciones de ocupación como en Palestina, y en países donde suponemos que no hay espacio para luchar. Por ejemplo las mujeres comenzaron a formar un movimiento en Irán a comienzos de los años 80, cuando el régimen de Khomeini ya había eliminado casi todos los derechos que ellas habían logrado que se les garantizaran entre 1970 y 1979. Lo único que les quedó fue el derecho al voto y aun así, gracias a esa pequeña grieta, se organizaron. En Nueva Zelanda y en India las mujeres con discapacidades se han organizado para lograr que el lenguaje de señas se convierta en idioma oficial en ambos países.
En el imaginario público, los movimientos sociales suelen estar asociados con actos simples de resistencia: las mujeres que se abrazan a los árboles en el norte de la India para que no los corten y que forman parte del movimiento ambientalista llamado Chipko; una mujer negra, Rosa Parks, que viaja en la sección del ómnibus que es sólo para personas blancas como parte de la lucha por los derechos civiles en EEUU; estudiantes en huelga de hambre en China para protestar por el asesinato de un secretario general que les era favorable; activistas contra las plantas nucleares en vigilia en lugares radioactivos como Chernobyl; personas que protestan contra el VIH y se encadenan a las empalizadas para que no las puedan desalojar. Si bien estos actos de resistencia se convierten en las caras públicas de los movimientos, estos van mucho más profundo. En este sentido, los movimientos son como icebergs: lo que puede verse sobre la superficie es una parte reducida de ellos, mientras que el resto está por debajo, formando una masa compacta e invisible.
Hay muchas formas de pensar, entender y conceptualizar los movimientos sociales: como vehículos para la participación de personas comunes en espacios políticos públicos; como procesos por los que la gente común formula demandas colectivas; o como formas diferentes de hacer política, muchas veces es la única forma que tienen a su alcance los grupos que tienen relativamente menos poder. Cuando la autora afro-estadounidense Alice Walker dice “Tengo dentro mío una ira que me hace desafiar a las estrellas”, está expresando el lenguaje y los conceptos de los movimientos sociales.
Pero no alcanza con la ira y con decir que no. No alcanza con el corazón. La cabeza también tiene que ser nuestra aliada. Esta es la segunda cosa que todos los movimientos tienen: un análisis político de la opresión. Cuando una mujer dalit de casta baja dice que no puede amar a alguien que no sea de su casta no por cuestiones ligadas a la “pureza” sino porque no tiene la libertad de tomar sus propias decisiones en materia sexual, está entendiendo cuál es su condición política. Cuando una mujer lesbiana dice que no puede presentarle su pareja a su madre por el imperio de la heteronormatividad, está entendiendo su condición política.
Lo bueno de las condiciones políticas es que se pueden cambiar. Todos los movimientos sociales tienen que ver con superar asimetrías de poder, con hacer que el poder pase de las personas poderosas a las que no tienen poder. Pero cuando los movimientos sociales apuntan a lograr estos cambios en el reparto de poder, lo hacen teniendo la equidad como meta. El objetivo de hacer que las mujeres tengamos poder no implica que los hombres pasen a estar desvalidos, sino que las mujeres también tengamos poder. Poder para tomar decisiones por nuestra cuenta. Poder para garantizar que nos lleguen las oportunidades y los recursos políticos, sociales y económicos. Poder para fijar las agendas.
Pero no nos alcanza con hacer que el poder cambie de manos fuera de nuestros movimientos. Necesitamos garantizar que el poder también se comparta hoy al interior de nuestros movimientos, para que estos no se vuelvan monolíticos y reinen sobre jerarquías de opresión. ¿Las luchas de quiénes están representadas en nuestros movimientos? ¿Todas nuestras luchas colectivas? ¿O sólo las de aquellas de nosotras que más poder tienen?
Y esto me lleva a las últimas dos cosas que todos los movimientos comparten: la creencia en el poder de muchas y muchos, no de una o de uno. La creencia en el nosotras, el nosotros, y no sólo en el yo. Si bien un acto de resistencia individual puede hacer nacer un movimiento, no lo constituye de por sí. Los movimientos tienen que ver con reivindicaciones colectivas. Pero, ¿de las reivindicaciones colectivas de quiénes estamos hablando? ¿De los movimientos de quiénes? ¿Podemos pensar un movimiento de mujeres sin mujeres? ¿Un movimiento sindical sin trabajadoras y trabajadores? ¿Un movimiento LGBT sin lesbianas, gays, personas bisexuales y transgénero? ¿Un movimiento estudiantil sin estudiantes? ¿Un movimiento dalit sin dalits? No.
Muchas de nosotras ingresamos a los movimientos a través de las organizaciones en las que trabajamos. Como nos lo recuerda la activista feminista Srilatha Batliwala, las organizaciones son espacios a partir de los cuales se construyen y desde los que se apoya a los movimientos. Pero si bien las organizaciones forman parte de los movimientos ellas no son, por sí mismas, movimientos. Los movimientos operan en una escala en la que no puede funcionar ninguna organización. Dado que muchas de nosotras formamos parte de ONGs, tenemos que preguntarnos: ¿Dónde nos ubicamos? ¿Cómo parte de una organización? ¿O cómo parte de un movimiento? ¿O de ambos?
Esta pregunta es importante porque tiene que ver con lo que percibimos como nuestra meta última. ¿Trabajamos contra el acoso sexual – o la violencia doméstica, o por el acceso a la tierra y al agua, o en lo que sea que hagamos- como un fin en sí mismo? ¿O se trata tanto de un fin en sí mismo como de un medio para transformar las relaciones de poder entre hombres y mujeres? ¿Es suficiente con lograr que el agua como recurso esté a disposición de una comunidad de bajos ingresos y que ésta incremente su acceso al agua, o también queremos cuestionar quién tiene la responsabilidad de ir a recoger el agua? ¿Nos alcanza con garantizar que se le redistribuya la tierra a una familia que no la tiene, o nos detenemos un momento para preguntar por qué la titularidad de esa tierra no puede tenerla la mujer? ¿Nos alcanza con garantizar que una mujer tenga empleo, o nos preguntamos por qué no puede también decidir en qué va a gastar el dinero que gana?
Todas trabajamos para que las cosas cambien pero la verdadera pregunta es: ¿Hasta dónde presionamos por los cambios? ¿Hasta qué nivel?Muchas de nuestras organizaciones brindan servicios, servicios que son valiosos, a las poblaciones con las que trabajamos. Pero, ¿vemos estos servicios como fines en sí mismos? ¿O los vemos como fines pero también como medios de concretar los derechos? En nuestras propias ONGs, ¿consideramos que estamos trabajando por los movimientos, llegando a las raíces para generar cambios radicales, fundamentales? ¿O nos vemos haciendo pequeños ajustes sobre los síntomas sin llegar a tocar las raíces (de los problemas)?
Un desafío que se les ha comenzado a presentar a los movimientos es el “filantrocapitalismo”: la creencia en que se pueden aplicar los principios empresariales a la búsqueda de transformación social. Los donantes filantrocapitalistas tienen dinero y están dispuestos a invertirlo en el cambio social, pero se muestran impacientes en cuanto a las soluciones, la información y los resultados, pensando que el cambio puede suceder así como así. ¡Instantáneo! ¡En un abrir y cerrar de ojos!
Todo lo que sabemos nos indica que generar cambios duraderos es el poder lento y perdurable de los movimientos, pero también que generar ese cambio lleva generaciones. Mi abuela se casó a los 16 años y nunca trabajó por un salario. Mi madre se casó a los 24 y trabajó por un salario hasta que se casó. El matrimonio no forma parte de mi agenda y no puedo imaginar siquiera una situación en la que mi supervivencia no dependa de mis dos manos sino de las de otra persona.
Un siglo atrás, ¿quién hubiera pensado que las mujeres podríamos votar – algo que se da por sentado hoy en día en algunos lugares? Ese es el poder de los movimientos. ¿O que se daría por sentado que las mujeres somos seres humanos? Ese es el poder de los movimientos. Medio siglo atrás, cuando la esclavitud ya había terminado pero la segregación seguía en pie, ¿quién hubiera pensado que el próximo presidente de los EEUU iba a ser un hombre afro-estadounidense? Ese es el poder de los movimientos.
“Ustedes, participantes, son el corazón del Foro” Presentación de Lydia Alpízar Durán, México/Costa Rica (transmitida en video link)
Welcome! Bienvenue! ¡Bienvenidas y Bienvenidos a este 11vo Foro Internacional de la AWID sobre los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo “El Poder de los Movimientos”! Reciban un cálido saludo desde Costa Rica. A nombre del Comité Internacional de Planeación del Foro, de la Junta Directiva de AWID y del staff de nuestra organización quisiera darles la más cordial bienvenida y decirles que estamos muy emocionadas con el inicio de esta actividad hoy.
En los próximos cuatro días esperamos construir con ustedes un espacio en el que podamos de manera sincera y amorosa discutir sobre temas cruciales para el avance de nuestras agendas por los derechos de las mujeres. A través de plenarias, sesiones, talleres, del baile, la música, de debates, y más, podremos aprender unas de otras, desafiarnos, y sobretodo, soñar juntas cómo debemos continuar construyendo formas de acción colectiva entre nosotras y con otros movimientos sociales para avanzar nuestra agenda.
Para las personas aquí presentes, no es un secreto que los movimientos de mujeres han contribuido con algunas de las transformaciones más significativas de la historia, particularmente de las últimas cuatro décadas. Y no es un secreto tampoco que ningún cambio logrado para avanzar la agenda por los derechos de las mujeres se ha logrado, sin que las mismas mujeres nos organicemos, nos movilicemos y presionemos para que hayan sucedido. Las diversas formas de acción colectiva que nos hemos dado a través del tiempo han sido efectivas, pero llegamos a un momento histórico donde el contexto ha cambiado de manera muy significativa y en donde muchas de nuestras estrategias parecieran no funcionar más o no tener el mismo impacto. En muchos lugares del mundo y a distintos niveles, parece haber un estancamiento de nuestro accionar. Al mismo tiempo, estrategias que utilizamos en el pasado, sobretodo de movilización y construcción de base, parece haberse dejado de lado por algunas expresiones de los movimientos de mujeres y quizás es tiempo de mirar hacia atrás para ver qué de lo que hacíamos debería volver a nuestro accionar político, y también mirar a los lados y aprender de una diversidad de formas de acción colectiva presentes en movimientos de mujeres emergentes, que están llenos de vitalidad y sabiduría. Al mismo tiempo, tenemos que seguir soñando en grande, a partir de la creatividad y encontrar nuevas formas de trabajar juntas en movimientos verdaderamente inclusivos, construir las nuevas formas de acción colectiva que de manera efectiva nos ayuden a avanzar significativamente los derechos de las mujeres en este siglo XXI.
Es claro que los retos del contexto son muchos, pero también las oportunidades, en un mundo en donde la constante es el cambio. La crisis económica y financiera actual, el creciente militarismo, la presencia creciente y fuerte de los fundamentalismos religiosos en diversas expresiones, la creciente desigualdad que lanza a miles de personas a la pobreza, la crisis alimentaria, la persistencia de la guerra, el cambio climático, por nombrar sólo algunos de estos retos. Sin embargo, para poderlos enfrentar y seguir avanzando nuestras agendas, actualmente algunos de los retos más grandes que enfrentamos se encuentran al interno de nuestras organizaciones y movimientos. Algunos de estos retos son la fragmentación y sobre-especialización, la competencia por los recursos, la falta de financiamiento, la discriminación entre nosotras mismas, las formas de activismo y acción política tan poco sostenibles que hacen que una gran cantidad de activistas tengamos una mala salud y vivamos cansadas y estresadas, la dificultad para construir espacios verdaderamente inclusivos, la falta de mecanismos que nos ayuden a dirimir nuestras diferencias y resolver conflictos entre nosotras y nos fortalezcan como movimientos.
Este foro representa una oportunidad para ir más allá de la retórica sobre estos retos y abrirnos a escuchar y ser desafiadas en nuestras posturas diversas. Necesitamos ir más allá de los análisis y conversaciones de café (o té), pláticas de pasillo que se dan tan frecuentemente sobre estos temas. Necesitamos dar la relevancia necesaria a los retos de la construcción de movimientos de mujeres que puedan avanzar efectivamente los derechos de las mujeres en la coyuntura actual. Necesitamos encontrar juntas nuevas estrategias o estrategias renovadas de construcción de movimientos, que sean viables y concretas y que sobretodo, aumenten nuestra capacidad de incidencia, de impacto, de transformación del mundo en el que vivimos.
Si hay algo que me gusta del foro, es que es una iniciativa colectiva. AWID facilita el proceso de organización, pero la mayor parte de los contenidos y el programa son definidos de manera conjunta con docenas de organizaciones diversas, de diferentes partes del mundo, trabajando a distintos niveles. El foro en sí mismo es un ejercicio de lo que puede ser posible cuando trabajamos juntas y nos beneficiamos de los aportes de diversas expresiones de los movimientos de mujeres.
Ustedes participantes son el corazón del Foro. Sin su participación activa y su compromiso con hacer de este un espacio que nos ayude a crecer a distintos niveles y aumente nuestra efectividad en nuestras luchas para avanzar los derechos de las mujeres en el mundo, el éxito del foro no es posible. En esta ocasión tenemos un número sin precedente de participantes, alrededor de 2,100. Esto significó que tuvimos que hacer arreglos para poder acomodar a los cientos de participantes que se registraron “de más” y significa que requerimos de su colaboración, paciencia y tolerancia para asegurar que la mayoría de las participantes tenga una experiencia significativa, donde haya espacios de crecimiento en los que puedan aportar, crecer e inspirarse. Contamos con ustedes compañeras.
Antes de concluir quisiera hacer un reconocimiento muy especial a nuestra compañera Cindy Clark, quien desde junio pasado asumió temporalmente la Dirección Ejecutiva de AWID y con ella, la desafiante tarea de liderar al equipo en los últimos meses de organización de este foro. Es importante reconocer el trabajo y apoyo que nos han brindado las compañeras que forman el Comité Internacional de Planeación del Foro y la Junta Directiva de AWID. También quisiera reconocer el trabajo realizado por nuestra brillante Coordinadora del Foro, Caroline Sin, quien es la maga que organiza la logística y otros aspectos clave para asegurar que el foro se realice exitosamente. Y por supuesto, quiero hacer un reconocimiento especial mis compañeras que conforman el equipo de AWID, que han trabajado muchísimo y de manera comprometida para hacer de este foro una realidad.
Sólo me queda desearles un foro excelente y me quedo con muchas ganas de conversar con muchas de ustedes sobre sus experiencias y aprendizajes en el foro. Muchas gracias!
“¿Qué estamos intentando lograr? ¿Quiénes están aquí hoy?” Presentación de Cindy Clark, EEUU
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Geeta y Lydia ya se han referido a por qué “El poder de los movimientos” es una conversación tan importante para que la tengamos en este momento en particular. Quiero decirles un poco más acerca de lo que pueden esperar de los días que vendrán.
¿Qué estamos intentando lograr? Bajo la guía de nuestro Comité Internacional de Planeación compuesto por 31 mujeres de veintiún países diferentes, hemos intentado darle forma a este Foro en torno a algunas metas.
En primer lugar, queremos aportar a una mayor comprensión colectiva de cómo podemos fortalecer nuestros movimientos. ¿Por qué es importante esto? Como ya lo señalaran Geeta y Lydia, es porque creemos que los movimientos – el poder colectivo, organizado, de las mujeres y sus aliados- son fundamentales para la realización de los derechos de las mujeres. También sabemos que los movimientos feministas y de mujeres son enormemente diversos y que hay mucho para aprender de sus diversas experiencias así como de las experiencias de otros movimientos sociales.
También queremos salir de aquí con algunas ideas acerca de cómo podríamos superar, al menos en parte, la fragmentación que se da al interior de los movimientos de mujeres, empujándonos a volver a pensar cómo conectarnos entre sectores, temáticas e identidades. Esperamos poder identificar los elementos de una agenda política compartida, encontrar un terreno común para nuestra visión sobre los cambios que estamos intentando producir en el mundo. Esta visión, esta agenda política amplia, ¿podrá ser una plataforma común a partir de la cual construyamos la solidaridad entre quienes trabajan en los muy diversos temas que abordamos?
También queremos generar ideas acerca de formas eficaces de trabajar entre generaciones, valorando los aportes de las activistas de todas las edades, garantizando la visibilidad y la participación de las jóvenes. Y por último queremos salir de aquí con una sensación de energía e inspiración renovadas – y en cuanto a esto no hace falta decir demasiado: basta con pedirles que miren a su alrededor ... La energía que hay en esta habitación es increíble e inspiradora.
Entonces, ¿cómo esperamos alcanzar estas metas? Como dijo Lydia, este proceso es en verdad colectivo, y los resultados dependerán de todas nosotras. En última instancia las ideas nuevas, el conocimiento que construyamos aquí, sólo serán posibles gracias a lo que cada una de nostras traiga y ofrezca a este espacio.
Tendremos una rica diversidad de voces en las plenarias así como en las sesiones, como sin duda ya lo han visto en el libro-programa. Las plenarias buscan provocar y estimular, generar ideas. Hoy escucharemos algunas críticas y aprendizajes acerca de las experiencias en los movimientos que nos empujarán a todas a pensar acerca de la forma en que nos organizamos. La plenaria de mañana será una reflexión acerca de algunos de los desafíos internos y las dinámicas de nuestros movimientos que son necesarias cambiar. El domingo tendremos una conversación sobre las estrategias que están utilizando las mujeres para organizarse, inclusive en contextos muy adversos. Y por último, nos reuniremos para cerrar el Foro con algunas reflexiones en plenaria acerca de lo que escuchamos y aprendimos, y qué nos dice eso sobre el futuro de los movimientos.
Las sesiones nos traerán una variedad de experiencias e ideas que puede resultar abrumadora: la queja más común que recibimos acerca del Foro es que pasan demasiadas cosas. Pero al mismo tiempo existe un interés abrumador y mucho para compartir. Este año recibimos más de mil propuestas y teníamos apenas 160 espacios para sesiones. En relación a esto, quisiera poner énfasis en alentarlas y alentarlos a que asistan al menos a una sesión que les parezca que tiene muy poco que ver con el trabajo que hacen habitualmente, ya sea porque trata de un tema o de una región diferente. Muchas veces les escuché decir a las y los participantes que esas son las sesiones que les resultan más valiosas.
Entonces, ¿quiénes están aquí hoy? ¿Con quiénes estamos compartiendo estas conversaciones?
Este es el Foro más grande en toda la historia de AWID, con un total de 2.200 personas inscriptas. Todavía estamos esperando ver quiénes efectivamente asisten para darles la cifra final pero por ahora puedo adelantarles que de las personas inscriptas:
- El 43% es del África al sur del Sahara, y ese porcentaje incluye un once por ciento de Sudáfrica.
- Tenemos casi un 10% de América del Norte, lo mismo de América Latina y el Caribe y también de Europa Occidental.
- Un 6% vino del sur de Asia y otro 6% del Este y Sudeste asiáticos.
- Otro 6%, del Medio Oriente y norte de África
- Un 5% es de Europa Central y del Este, y de la Comunidad de Estados Independientes
- El 3% de las y los participantes es del Pacífico
También tenemos representados 144 diferentes países, otra cifra récord para nosotras. Y el veinte por ciento de las mujeres inscriptas tiene menos de treinta años de edad.
A la vez que celebramos estas cifras increíbles y el hecho de que nos hayamos reunido tantas de nosotras, sabemos también que no todas las personas que quisieron venir hoy están aquí acompañándonos. Algunas y algunos que habían planeado viajar no pudieron hacerlo por problemas de salud, cuestiones familiares o dificultades inesperadas con sus visas.
Por último, quiero reconocer y valorar la inversión que cada una y cada uno de ustedes ha hecho para venir aquí. Han dejado sus hogares y sus seres queridos, se han tomado muchos días lejos de su trabajo y de sus rutinas. Sé que cuando vuelvan a sus casas se encontrarán con montañas de correos electrónicos. Entonces no nos tomemos este momento, este encuentro, con ligereza. Son muy pocas las oportunidades como ésta.
“Podemos inspirar más profundamente con la esperanza que con el miedo” Presentación de L. Muthoni Wanyeki, Kenia
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Bienvenidas todas y todos. Me pidieron que situara a este Foro y a su temática, el poder de los movimientos, en el contexto africano y que dijera por qué los movimientos han sido y siguen siendo importantes para nosotras, y qué impacto han tenido en el continente.
Pese a los retrocesos recientes, tiene sentido que el Foro AWID se realice en Sudáfrica debido al gran rol que las mujeres desempeñaron en la lucha contra el apartheid. Geeta habló de las consignas y creo que todas y todos recordamos aquella que dice “Quien golpea a una mujer, se estrella contra una roca”. Hay muchas lecciones dejadas por la lucha contra el apartheid así como por lo que sucedió desde entonces. Muchas de nosotras no creímos que llegaríamos con vida a ver el fin del apartheid. Pero el apartheid terminó, y terminó gracias al poder de los movimientos, tanto aquí en África como fuera del continente.
¿Por qué centrarnos hoy en los movimientos? Creo que a muchas el hecho de participar en el proceso del Foro Social Mundial en estos últimos años nos ha inspirado, pese a las muchas frustraciones. Creo que ha brindado un espacio tanto dentro del propio Foro Social Mundial como en los debates que se dieron posteriormente en el plano nacional, para expresar nuestra crítica acerca de cómo fueron evolucionando los procesos de organización y movilización de las mujeres. Pero aunque este acento puesto en los movimientos pareciera ser algo nuevo, o haber cobrado una mayor energía en estos últimos años, en realidad no es nada nuevo.
Hoy quiero centrarme en algunas historias africanas para hablar de los logros – todos los cuales también plantean sus propios desafíos- de los procesos de organización y movilización de las mujeres. Me gustaría hablar de estos procesos en cuatro fases diferentes.
La primera, por supuesto, fue la fase de los movimientos de liberación anticolonialistas de los años 40, 50 y 60. En todo el continente hubo muchos ejemplos de mujeres africanas liderando la resistencia religiosa tradicional o la espiritual frente al colonialismo. Pienso por ejemplo en las profetas Me Katilili wa Menza, del pueblo Giriama en Kenia, que lideró a su gente en un alzamiento contra los colonizadores británicos. También estuvieron las mujeres africanas aliadas a organizaciones políticas. Pienso aquí en Mary Wanjiru, que tras el arresto de Harry Thuku de la Asociación Central Gikuyu dijo que si los hombres no podían liderar las protestas por ese arresto, ella lo iba a hacer. Fue una de las primeras mujeres víctimas del tiroteo contra la protesta por esa detención. Y por supuesto hubo mujeres africanas que trabajaron con las luchas armadas o formaron parte de ellas. El Ejército de Tierra y Libertad de Kenia, los Mau Mau, tuvo una comandante de campo, Muthoni.
Las mujeres desempeñaron diferentes roles en las luchas armadas - no sólo el de alimentar a los que luchaban, que lo que suele destacarse - pagando grandes costos personales. Mi propia organización brinda apoyo a muchas de las mujeres que fueron detenidas durante esas luchas y que hoy exigen reparaciones.
La segunda fase es la que sigue a la independencia, desde los años 60 hasta el fin de los 80. Aquí vimos organizaciones nacionales de mujeres que con frecuencia se aliaron con partidos políticos gobernantes o estuvieron explícitamente ligadas a ellos. Vimos cómo crecían los grupos de mujeres de base comunitaria hasta alcanzar un número altísimo en todo el país. Muchos de esos grupos se concentraron en la generación de ingresos y en los medios de vida para las mujeres. Vimos a las mujeres africanas en la academia y en las artes que comenzaron a cuestionar el lugar de las mujeres en las luchas nacionalistas y a expresar su identidad como mujeres africanas en sus propios términos, muchas veces oponiéndose a las interpretaciones culturales y las lecturas nacionalistas de nuestra historia. Vimos el comienzo de un compromiso feminista pan-africano con el surgimiento de organizaciones feministas pan-africanas, la primera de ellas creada en los años 70, la Asociación de Mujeres Africanas en la Investigación y el Desarrollo (Association of African Women in Research and Development). También vimos durante este período una mayor participación en asuntos globales.
Por supuesto que todas y todos sabemos que África fue sede de la Tercera Conferencia Mundial de la Mujer en Nairobi. Creo que es importante señalar que esa conferencia tuvo lugar apenas tres años después de nuestro golpe de Estado. En ese momento el proceso organizativo era muy débil pero las mujeres kenianas nos unimos a pesar de nuestras muchas divisiones.
La tercera fase es lo que en África llamamos la segunda liberación, los movimientos por el pluralismo político que se dieron en todo el continente en los 90. En esta fase vimos el surgimiento de organizaciones autónomas de mujeres que fueron pasando de la prestación de servicios a incidencia en todos los frentes. Vimos mujeres desempeñando roles de gran liderazgo en los movimientos por la democracia, la gobernanza y los derechos humanos, así como en los partidos políticos de oposición que fueron surgiendo. Aquí pienso en Wangari Maathai, a quien todas y todos conocemos, y su lucha por preservar el espacio público a un elevado costo personal. Pienso en las madres de los prisioneros y las prisioneras políticas (cuyo trabajo llevó a crear la organización Liberen a los Prisiones Políticos -Release Political Prisoners) que protestaron utilizando formas tradicionales de protesta en un momento político muy difícil. También vimos en este período el pasaje de las estrategias de generación de ingresos y microcréditos a centrarse en la economía política nacional, y los primeros intentos de trabajar en presupuestos con mirada de género así como en cuestiones de ajuste estructural, y más tarde en los procesos post-ajuste estructural de reducción de la pobreza y financiación para el desarrollo, incluyendo temas como la deuda, las inversiones y el comercio.
Y esto nos trae al presente, al supuesto período post-segunda liberación en el nuevo milenio pero en los hechos lo que se ve es que la segunda liberación todavía no ha sido alcanzada. Sí, ahora hemos visto el surgimiento de nuevas organizaciones dentro del movimiento de mujeres, organizaciones que abordan cuestiones sobre identidad de género y orientación sexual, algo que es extremadamente difícil de hacer y que en algunos contextos resulta letal. Están consiguiendo la solidaridad del movimiento de mujeres en África – y esto es algo nuevo- basándose en cuestiones de igualdad así como en la lucha por los derechos reproductivos. La pregunta es ¿qué nos aportó este panorama inmenso de organización y movilización?
Quiero centrarme en dos logros que son realmente decisivos para nosotras. El primero es la cuestión de las garantías y protecciones legales a nivel regional. Como consecuencia de los movimientos por el pluralismo político, la integración regional ha cobrado nuevos bríos. La nueva Acta Constitutiva de la Unión Africana, el protocolo a la Carta Africana sobre Derechos Humanos y de los Pueblos sobre los Derechos de las Mujeres en África –que es un tratado de derechos humanos vinculante- y la Declaración Solemne son todos instrumentos regionales de enorme importancia que todas podemos utilizar en la lucha por la igualdad concreta. El segundo es el incremento en la participación política de las mujeres. Hemos visto por supuesto a la primera presidenta africana, en Liberia, y una representación política de mujeres que superó el 50% en Ruanda. Lo voy a repetir: una participación política de las mujeres que superó el 50% en Ruanda. Y que llega casi al 30% en otros países, incluyendo a Sudáfrica y a Uganda, gracias a herramientas como la acción afirmativa y los sistemas de representación proporcional.
Pero estamos en esta reunión sabiendo que todos estos logros en términos sólo numéricos son excepciones y no la norma. Estamos aquí sabiendo que estos logros todavía no se han traducido en cambios significativos a nivel de base. Vemos conflictos persistentes, prolongados, en zonas en las que pensábamos que se había llegado a acuerdos de paz: la República Democrática del Congo, Darfur en Sudán, el norte de Uganda. En todos estos conflictos, las formas de violencia sexual que se les infringen a las mujeres son extremas, horrendas y parecieran no tener fin. También estamos viendo verdaderas crisis en las democracias.
Soy de Kenia y no voy a reiterar lo que sucedió allí a comienzos de este año, pero sí diré que no fue algo inédito. Zimbabwe todavía tiene que encontrar una solución y está viviendo una crisis democrática, me atrevería a decir, inclusive aquí en Sudáfrica aunque se trata de una crisis diferente. Hemos visto un crecimiento económico promedio del siete por ciento en todo el continente. Pero la desigualdad dentro de los países en cuanto a ingresos, o entre regiones – que siempre se viven en términos étnicos o religiosos- y entre géneros, ahora es claramente una cuestión de seguridad y estabilidad. Eso ha hecho que por fin la igualdad forme parte de la agenda global de políticas públicas. Y sabemos que la desigualdad va a empeorar dados los cambios globales de naturaleza sísmica que hemos visto este año, desde la alimentación hasta el combustible, pasando por los sistemas económicos.
Quiero concluir señalando lo que esto significa para todas nosotras. Creo que más que nunca significa que nuestra lucha no tiene que ver sólo con que haya más mujeres, con el mínimo común denominador. Tiene que ver con mantener una visión que nos haga avanzar y en torno a la que podamos congregarnos entusiasmadas. Geeta habló de la necesidad de una agenda política que se base en un análisis, un análisis riguroso, de la opresión. Y yo creo que la lección de – discúlpenme- la campaña de Barack Obama, sobre la que ya se ha dicho mucho y se dirá todavía más, es que nuestra visión no debe alienar (a nadie) ni tampoco basarse de manera consistente sólo en nuestra victimización. Podemos habilitar e inspirar más profundamente con la esperanza que con el miedo, y dando la sensación de que todas nosotras podemos aportar y ser parte de un futuro diferente.
Entonces, sí, tenemos que reconocer y analizar la opresión que sufrimos de manera rigurosa, pero también tenemos que presentar nuestras mejores estrategias para poder avanzar hacia un nuevo día. Quisiera terminar diciendo que pienso que la crisis democrática y económica que estamos atravesando nos ofrece una apertura, una oportunidad, y la pregunta es si estamos preparadas para aprovechar esa oportunidad desde los movimientos a los que todas pertenecemos.
“Los temas de la discapacidad son temas de las mujeres” Presentación de Mijoo Kim, Corea del Surescuchar aquí
Mi nombre es Mijoo Kim. Soy una mujer con discapacidades en una silla de ruedas eléctrica, como pueden ver. Es un gran honor para mí hablarles en nombre de las mujeres con discapacidades del mundo entero. Valoro que AWID haya prestado atención al tema de las mujeres con discapacidades. También que haya ayudado y alentado a las mujeres con discapacidades a participar de este Foro. Muchísimas gracias.
Quisiera decirles que los temas de la discapacidad son temas de las mujeres, y que el movimiento de las mujeres con discapacidades es el movimiento de mujeres. Quiero comenzar haciéndoles algunas preguntas sinceras. ¿Qué significa la discapacidad para ustedes? ¿Algo extraño y poco conocido, algo que les da lástima y que asocian con la pobreza? ¿Quiénes son las mujeres con discapacidades? Para ustedes, ¿son sólo personas con discapacidades o son mujeres que viven en el mismo mundo que ustedes, como mujeres?
Las Naciones Unidas estiman que el porcentaje de población con discapacidades llega al diez por ciento de los 6.5 mil millones de personas que viven en el mundo. Esto significa que hay aproximadamente 325 millones de mujeres que viven con discapacidades. Sin embargo, pese a lo significativo de estos números, casi no existen políticas que tengan en cuenta lo que las mujeres con discapacidades necesitan y desean. Como respuesta a esta realidad tan lúgubre, la ONU nos llama las “hermanas ocultas”. La Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) no hace ninguna referencia a los temas de las mujeres con discapacidades y por eso las mujeres con discapacidades no se han beneficiado en forma activa de los resultados generados por políticas relacionadas con esa Convención en los distintos países.
¿Por qué las mujeres con discapacidades hemos sido invisibles para el movimiento de mujeres? Esta es una pregunta que vengo formulando desde hace quince años en mi trabajo tanto en Corea como internacionalmente. Los temas de la discapacidad, ¿tienen que ver sólo con las mujeres con discapacidades? ¡No! Puedo decir que definitivamente no. Los temas de la discapacidad son temas de las mujeres, porque las/os familiares con discapacidades son un tema de las mujeres. Si alguien de la familia tiene una discapacidad, el rol de cuidar a esa persona generalmente se le asignará a alguna mujer de la familia.
En algunos países la gente se pregunta si una mujer que da a luz una criatura con discapacidades no tendrá algún defecto. En muchos casos estas mujeres sufren violencia física y psicológica por parte de sus familias. La situación de estas mujeres no ha sido tenida en cuenta jamás ni por los movimientos de la discapacidad, ni por los movimientos de mujeres. Pienso en mi madre, que durante 42 años ha soportado una carga pesada: su hija, yo, que contraje poliomielitis a los once meses de edad. La vida entera de mi madre ha estado dedicada a la mía. Ella ha vivido como si fuera una mujer con discapacidades, como yo.
En segundo lugar, el ochenta por ciento de las mujeres con discapacidades tienen discapacidades adquiridas debido a enfermedad, accidente o factores ambientales. Las discapacidades ya no son un tema que sólo atañe a las personas que en el presente tienen alguna discapacidad. Muchos países sufren de desnutrición, hambrunas, situaciones de guerra o de conflicto, todas circunstancias que suelen llevar a que la gente se vuelva discapacitada. Estas circunstancias afectan, en su mayoría, a mujeres, niñas y niños.
En tercer lugar, los empleos relacionados con la prestación de cuidados son para “ciudadanas/os de segunda clase” y por lo general les son asignados a las mujeres. La mayoría de quienes trabajan en la industria de servicios sociales, cuidando a las personas de edad y a aquellas con discapacidades, son mujeres. Se les pide que trabajen duro por salarios bajos. En los países desarrollados, el trabajo ligado a las personas con discapacidades suele ser realizado por mujeres emigrantes que tienen pocas opciones alternativas y que, por ello, resultan vulnerables al trato injusto o el acoso sexual.
¿Por que los movimientos de mujeres no han reconocido estos temas como parte de sus agendas, cuando están tan claramente ligados a los derechos de las mujeres? Porque las mujeres han asumido que los temas de la discapacidad les corresponden a personas que son diferentes de ellas. ¿Por qué a las mujeres con discapacidades no se nos acepta como mujeres? Porque muchas activistas ven sólo la discapacidad y no ven a la mujer (que la porta).
Las mujeres con discapacidades han sido invisibilizadas no sólo en los temas de las mujeres sino también en los temas de la discapacidad. Es más probable que sea discriminada una mujer con discapacidades que un hombre en la misma situación. También hay discriminación por género en la comunidad de personas discapacitadas. Muchos activistas por los derechos de las personas con discapacidad no esperan que las mujeres sean líderes en esa comunidad.
La sexualidad – o la asexualidad- es también un gran tema para nosotras. Existe muchísima documentación que muestra que es típico ver a las mujeres con discapacidades como asexuadas. Al cuerpo de una mujer con discapacidades no se lo considera un cuerpo sexual. Antes de que nos casáramos, los amigos de mi marido le preguntaron si estaba de verdad dispuesto a renunciar al sexo por el resto de su vida. Nunca se les ocurrió pensar que soy una mujer sexy (Aplausos y silbidos de aprobación) ¡Gracias!
No alcanza con describir la desigualdad de género que vivimos las mujeres con discapacidades como un problema que se da sólo al interior de la comunidad de personas con discapacidades. La discapacidad se cruza con la desigualdad de género y produce formas severas de discriminación contra las mujeres con discapacidades. Pero no es algo tan lineal que consiste en simplemente sumar el factor “discapacidad” al factor “género”. Por el contrario, es algo por entero diferente: una discriminación contra la que es muy arduo luchar y que sólo las mujeres con discapacidades vivimos. Para poder forjar alianzas, es necesario que entendamos las circunstancias específicas de las mujeres con discapacidades.
Permítanme hablar, por ejemplo, de los refugios para mujeres. Si se trata de una mujer con impedimentos auditivos, ni siquiera podrá contar con una consejera ni logrará que su caso quede registrado a menos que el refugio cuente con una/un intérprete del lenguaje de señas. Si se trata de una mujer con una discapacidad severa, ni siquiera podrá entrar al refugio si éste tiene escalones en la entrada o si el baño no resulta accesible para ella. ¿Les parece que un refugio así sigue siendo un “refugio para mujeres”? La idea no es construir refugios separados sino garantizar que todas sepamos cómo crear espacios que incluyan a todas las mujeres, entre ellas a las mujeres con discapacidades. Pero inclusive entre las propias mujeres con discapacidades todavía circula la pregunta de si debemos o no procurar aliarnos a las mujeres sin discapacidades.
Creo que tenemos que hacer crecer nuestros movimientos. Los fortaleceremos con la empatía, escuchándonos unas a otras, aprendiendo unas acerca de otras y entendiendo mejor las situaciones que vivimos. Fíjense en este undécimo Foro AWID. Tiene una mesa dedicada a brindar apoyo a las/os participantes con discapacidades. Hay voluntarias/os y asistentes personales que nos apoyan, transporte accesible. Hay mujeres con discapacidades que están organizando sesiones y hablando en los paneles. Pero todavía hay mucho por hacer para mejorar inclusive el próximo Foro AWID.
No pido que los movimientos de mujeres incorporen a las mujeres con discapacidades. Estoy en esta plenaria para recordarles que ya estamos aquí: ya somos parte de los movimientos de mujeres. Los movimientos de mujeres tenemos que mirar hacia adentro, ver nuestra propia diversidad, y escuchar las voces que son minoritarias entre las mujeres. El movimiento internacional de mujeres con discapacidades es fuerte y está creciendo con rapidez.
En 2006, la Asamblea General de la ONU aprobó la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidades que tiene un artículo separado — el número seis- sobre las mujeres con discapacidades. Esta Convención establece el principio de igualdad entre mujeres y hombres, e incluye un lenguaje fuerte contra la violencia que tiene como blanco a las mujeres y las niñas con discapacidades. Los países que ratifiquen esta Convención luego tendrán que implementarla. Este año, 2008, es el primero de entrada en vigor de la Convención, que abre un nuevo horizonte para nosotras, y quiero compartir esta noticia importante con todas ustedes, con las mujeres que están en este Foro.
A partir de ahora, intentaré encontrar nuestra voz en los temas de las mujeres y tengo muchas esperanzas de que ustedes se acuerden de los temas que atañen a las mujeres con discapacidades en sus talleres. Podemos construir juntas un movimiento de mujeres más amplio y más fuerte. Espero que cuando regresen a sus casas, sus organizaciones y sus países, se acuerden que las cuestiones de las mujeres con discapacidades ocupan un lugar central en los movimientos de mujeres.
“Este es el auditorio que puede cambiar el mundo” Presentación de Nadine M., Líbano
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Bueno, me tuve que poner de pie porque estoy muy entusiasmada y no puedo seguir sentada en la silla. Ya hace casi un año que estoy muy entusiasmada con este Foro. Deberían ver la vista que tengo desde aquí; es una vista increíble.
Trabajo sobre todo en el Líbano y en países árabes, pero sólo tengo diez minutos así que la verdad es que no voy a hablar de lo que hacemos, de cómo pensamos estrategias, y de los aspectos políticos de todo eso, porque para mí es muy importante hablarles de lo que pienso son los criterios para que un movimiento se vuelva feminista y se denomine así mismo como tal. Hay una palabra que me parece absolutamente decisiva y esa palabra es “cunt” (concha/coño).
Es una palabra que se ha usado en contra nuestra con tanta dureza y de formas tan repugnantes que ahora nos aterroriza. No nos gusta. No nos gusta hablar de la sexualidad. No nos gusta hablar de nosotras mismas como seres sexuales porque han logrado que nuestras vaginas parezcan, inclusive para nosotras mismas, algo sucio y algo que debe esconderse en Foros elegantes y agradables como éste. Pero yo creo con mucha convicción que la cunt (concha) es algo absolutamente, absolutamente necesario para el movimiento feminista. Y les voy a explicar por qué.
La “C” es por la creatividad. Para que volvamos a inventar la rueda feminista una y otra vez. No existe una sola forma de organizarse, ni una estructura en particular que debamos seguir. Muchas veces cuando nos organizamos en ONGs o en redes, seguimos y replicamos exactamente los mismos sistemas patriarcales contra los que luchamos. Los traemos a nuestros movimientos, y nos obsesionamos tanto con el papeleo, las estructuras y las formalidades que nos olvidamos de pensar las cosas en formas muy creativas.
Estoy segura de que la mayoría de ustedes vinieron aquí porque quieren vincularse, porque quieren conocer a otras organizaciones, porque tienen un discurso para recitarle a las financiadoras, porque quieren enterarse de lo que está pasando. Quieren juntar la mayor cantidad de folletos que puedan y luego volver a sus casas. Pero hoy les pido que aborden este Foro de manera muy creativa, y que lo conviertan en algo verdaderamente personal. Porque son los vínculos personales los que nos cambian la vida.
Mi vida no va a cambiar porque me cuenten uno de sus proyectos o de sus programas, o porque me digan “Hola, soy de la organización tal” y luego me detallen todo lo que hacen. Pero mi vida va a cambiar si nos encontramos como mujeres, compartimos ese lazo y esa experiencia, y nos hacemos preguntas personales. Si nos preguntamos por el feminismo que cada una siente como algo personal. Lo que tiene mejor onda de este Foro es que podamos hablar en el plano personal. Sé que hay 2.000 participantes, pero necesitamos de verdad entablar estas conexiones personales. Porque el feminismo no tiene nada de profesional –no me gusta la palabra profesional. Y no me gusta cuando tratamos al feminismo de maneras muy formales, como si fuera un concepto distante.
Por eso la creatividad está en hablarnos, escucharnos, y también consolarnos mutuamente. Porque todas mis amigas que han venido aquí y yo misma estamos muy cansadas. Levanten sus manos si también están muy cansadas. ¿Ven?: estamos todas cansadísimas y agotadas, y este es el lugar donde todo cobra sentido ¿verdad? Venimos aquí, vemos los videos, escuchamos los discursos y pensamos “bueno, ahora me acuerdo por qué decidí hacer todo esto”. Este es el lugar para conversar juntas, y felicitarnos mutuamente, y conocernos unas a otras como seres humanos, como mujeres.
La “U” es por la “unidad” – y la unidad es muy importante. La semana pasada escuché a alguien decir que ninguna será libre hasta que no lo seamos todas. Y pensé que era una cita perfecta: que ninguna será libre hasta que no lo seamos todas. Si miran el programa del Foro verán esta diversidad abrumadora en cuanto a los tópicos y las cuestiones que se cubren. Tenemos unas fuerzas poderosísimas que se nos oponen, todas ustedes lo saben. Tenemos las instituciones, los gobiernos y los medios. Todo está jugando en contra nuestra. Todos estos sistemas, visibles e invisibles, están en contra nuestra. Y la única gente con la que contamos para hacerles frente son las personas que están sentadas en esta habitación. Miren a su alrededor y verán a las personas que las van a apoyar, que las van a ayudar, que las van a financiar, que les van a dar los recursos que ustedes necesitan. Esta es la habitación que puede cambiar el mundo.
¿Saben?: yo creo en el feminismo. Estoy enamorada de la palabra feminismo. Creo en el feminismo como alguna gente cree en dios. Creo que el feminismo es lo suficientemente fluido como para poder ser reinventado, reconstruido, debatido y discutido hasta las cuatro de la madrugada. Siempre se le pueden agregar cosas nuevas, y también se le pueden quitar cosas nuevas. Pero la maravilla del feminismo es que podemos jugar con esa fluidez. Y la maravilla de los movimientos es que en realidad no pertenecen a un solo lugar. Están en todas partes al mismo tiempo, ¡como Dios! No tienen una ubicación específica sino que están en todas partes. Y lo maravilloso es que nadie, ni siquiera la persona más poderosa del mundo, puede expulsarlas del movimiento. ¡Eso es muy bueno! Nadie puede venir a decir “Las condeno, están expulsadas del movimiento”. Somos nosotras mismas quienes creamos el movimiento, que no es una ONG, ni un programa, ni una coalición, ni una red.
Pero al mismo tiempo también creo con mucha fuerza que hay algunas reglas del feminismo con las que no se puede jugar como por ejemplo lo hace Sarah Palin cuando se proclama feminista. Hay algunas cuestiones del feminismo con las que no se puede jugar y uno de esos puntos es que no puede existir un movimiento feminista sin las lesbianas. No puede tampoco existir un movimiento feminista sin las personas transgénero. Porque si existiera sería un movimiento homofóbico. No sería un movimiento que atiende a todas las mujeres sino un movimiento que elige a qué mujeres va a atender. Y todas sabemos que esa regla del feminismo no se puede romper. El feminismo atraviesa todos los temas, todas las clases, todas las razas, todas las identidades de género y las orientaciones sexuales. Esta es una regla básica del feminismo.
La semana pasada estuve en una conferencia de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas, intentando convencer a las personas LGBT de que el feminismo es importante para ellas. A ellas y a ellos no les gusta mucho el feminismo. Traté de convencerlas/os de que tenemos que incorporar el feminismo al movimiento LGBT. Y luego, una semana después, vengo aquí e intento hablar con ustedes, feministas, y decirles que necesitamos incluir al movimiento LGBT en nuestras luchas.
Me hace muy feliz lo que dijo Muthoni sobre el contexto africano. Me hace muy feliz saber que en África los gays y las lesbianas están recibiendo el apoyo del movimiento de mujeres. Me gustaría exhortar a todas las organizaciones de mujeres en el mundo, en Asia y en África, especialmente en el Medio Oriente, a considerar que los temas de las lesbianas son temas que les pertenecen, como mujeres. Porque todas las luchas están conectadas. Todas las luchas en torno a la sexualidad son lo mismo. Las mismas opresiones contra nuestros cuerpos. Y es contra esas opresiones que tenemos que luchar.
Ya hicimos la “C” y la “U”. La “N” tiene que ver con los números. Los números son muy importantes. Esta no es una revolución lenta y elitista. Esta es una revolución para la que necesitamos millones y millones de personas. Tenemos que integrarlas. Lo que nos ha enseñado la campaña de Obama es que, sin importar el aspecto político, cuando tenemos las cifras suficientes, cuando nos ocupamos de todos los diferentes niveles de opresiones, podemos hacer que la gente se junte. Gente que nunca pensamos que podía unirse puede hacerlo y sumarse al movimiento.
Por último la “T” es por el tiempo y la continuidad. Aquí quisiera hablar un poquito sobre los diálogos entre generaciones. Muchas veces las feministas jóvenes llegamos a espacios como éste y nos encontramos con los íconos, con estas grandes líderes sobre las que hemos leído y a las que hemos buscado en Google. Leímos los libros que ustedes escribieron y tuvimos sus afiches en las paredes de nuestras habitaciones mientras íbamos creciendo. Y luego llegamos aquí y nos encontramos con ustedes.
¿Saben?: reconozco que estoy parada sobre los hombros de gigantas, de mujeres increíbles. Pero a veces... a veces estas gigantas pueden resultar insoportables. Y a veces ... a veces las gigantas no quieren que nos paremos sobre sus hombros. Pero lo que tenemos que entender es que las mujeres jóvenes somos absolutamente fundamentales para este movimiento, y no se trata sólo de que les habilitemos el espacio. Ellas van a venir y van a reclamar ese espacio, especialmente en el Foro. Ayer tuvimos un día de Activismo Feminista Joven en el que nos reunimos mujeres de varias generaciones. Tuvieron esta idea con mucha onda: los pañuelos rosas que varias están usando. Las que creen en organizarse juntando a varias generaciones tienen que conseguirse uno de esos pañuelos ... hay cientos de ellos. El mío no lo tengo puesto porque ¡es demasiado rosa!
También hay muchísimas actividades, murales, grupos de discusión y a las que son jóvenes las aliento a participar. Pero también a las que son mayores. Y las aliento a que hablen entre ustedes y vayan a los paneles que no tienen que ver directamente con ustedes. Entonces, a las heterosexuales que tal vez nunca se encontraron con una lesbiana les digo que hay cientos de lesbianas maravillosas aquí. Encuéntrense con ellas, conózcanlas un poquito, y pregúntenles acerca de sus vidas. A las jóvenes les digo que se acerquen a aquellas que hace veinte o treinta años que están (en el movimiento) y pregúntenles cómo están, cómo les va. Pregúntenles por qué se hicieron feministas. Estas son las conversaciones personales que necesitamos generar, y es por eso que éste Foro es importante.
Si lo hacemos, estoy segura que saldremos de aquí más enriquecidas, más empoderadas, con energía. Podremos regresar a nuestras casas y hacer realidad los cambios que necesitamos, hacer las cosas que queremos hacer. Muchísimas gracias.
“Las mujeres indígenas hemos venido con nuestras esperanzas renovadas a compartir nuestras experiencias” Presentación de Mónica Alemán, Nicaragua
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Es un honor para mí estar aquí. Estoy aquí por los caminos que ustedes han recorrido. Hermanas, líderes del mundo, las saludo hoy recordando el camino recorrido por nuestras ancestras. Las saludo hoy haciendo honor a las luchas que hemos vivido. Las saludo hoy con sentimiento profundo y con espíritu de cambio.
Empiezo por reconocer la presencia en la sala de mis hermanas indígenas de todas partes del mundo, mis hermanas afro-descendientes, mis hermanas nicaragüenses, latinoamericanas y caribeñas. Hoy hacemos honor a la memoria de miles de jóvenes, ancianas y sabias de los pueblos indígenas del continente americano, actoras que hoy son promotoras de reformas estructurales profundas para cambiar las relaciones de poder en nuestros países para que todas, todos, indígenas, afro-descendientes, mestizas, podamos gozar de los derechos por los que han luchado nuestros antepasados.
Quiero, en nombre de las mujeres indígenas, hacer un reconocimiento a nuestra hermana Lydia (Alpízar) quien es una visionaria al promover que este encuentro de AWID tenga como objetivo central visibilizar y potenciar la lucha de las mujeres en todo el mundo y facilitar diálogos entre mujeres de los distintos movimientos cuyo trabajo tiene asidero en las luchas ancestrales.
Nosotras, las mujeres indígenas, hemos venido con nuestras esperanzas renovadas a compartir nuestras experiencias. Somos producto de la lucha de Domitila Chúngara, mujer indígena que junto a hermanas y hermanos en Bolivia desde 1963 comenzaron a sentar las bases para una transformación profunda del Estado boliviano articulando la lucha de clase, etnia y de mujeres del siglo XX que hoy se concretiza en el movimiento de mujeres Bartolina Sisas, Evo Morales, y la nueva constitución política que tiene el reto de transformar las relaciones de poder en un país latinoamericano.
Somos resultado de las luchas de Dolores Cacuango, una mujer indígena del Ecuador, sabia, maestra, fiel defensora de la lucha encaminada en terminar con la discriminación que vivía su pueblo. Promotora de los primeros programas de educación intercultural bilingüe que comenzaron a plantear la cultura y la identidad como cimientos interculturales para la promoción de las relaciones respetuosas de convivencia entre diversas culturas.
Estamos acá dando continuidad a los pasos de nuestras hermanas mayores: Rigoberta Menchú Tum de Guatemala, Mirna Cunningham de Nicaragua, Tarcila Rivera Zea de Perú, la Comandanta Ramona de México, Nina Pacari de Ecuador, entre muchas otras. Ellas nos enseñaron que si bien como mujeres somos portadoras de todos los derechos conquistados por las luchas de todas las mujeres, no podemos gozarlos si los derechos colectivos de nuestros pueblos no son reconocidos. Como mujeres indígenas, sólo podemos gozar plenamente de nuestros derechos si los derechos de todos los pueblos indígenas son reconocidos.
Esa lucha por nuestros derechos ha sido fundamental y hay miles de experiencias de mujeres indígenas que han dejado en ese camino su dignidad, su vida, para que hoy estemos acá con ustedes. En mi comunidad misquita, en la región autónoma del Atlántico Norte en Nicaragua, recuerdo a algunas de ellas. La Vivi Dilia es una de ellas. Es una mujer sabia en medicina. Ha sido la partera de casi todas las mujeres de mi pueblo. Sabe de plantas. Aprende de sueños y habla con los espíritus que guían hoy la visión de mi pueblo. Cuando tenía catorce años tuvo que salir de su comunidad, que comenzaba a morirse de hambre porque sus territorios colectivos estaban siendo ocupados por una empresa transnacional bananera dedicada al monocultivo. Hoy la Vivi ha recuperado su dignidad. Vive orgullosa de su sabiduría porque conquistamos la autonomía multiétnica con la revolución en la década de 1980.
Hoy tengo que compartir, sin embargo, que las mujeres nicaragüenses al igual que en muchos otros países de nuestro continente, enfrentamos el retroceso y las amenazas en el ejercicio de nuestros derechos. Los derechos de las mujeres, al igual que los derechos de los pueblos indígenas, siguen siendo producto de negociaciones políticas. La persecución política y hostigamiento de que están siendo objeto las feministas y otros líderes sociales en Nicaragua por un gobierno que se dice de izquierda es algo que no podemos permitir. La violencia y represión en contra de luchadoras y defensoras de derechos humanos es una forma de control que los gobiernos utilizan en muchos países para detener nuestro paso y negar nuestros derechos.
Como mujeres indígenas también venimos a compartir nuestras capacidades de diálogo intergeneracional. Las mujeres indígenas jóvenes hemos querido seguir las enseñanzas de doña Virgilia, lideresa espiritual del pueblo maya, en Guatemala, quien nos decía que las mujeres indígenas necesitamos trabajar temas como salud sexual y reproductiva, género y justicia social. Nos decía que debemos ser transparentes y compartir el hecho de que en muchas de nuestras comunidades se respetan las diversas opciones sexuales, respetando la misión que todos los seres humanos tenemos de acuerdo a nuestro nahual. Esto mismo nos decía Amaranta, muxe zapoteca mexicana, activista en la lucha contra el VIH/SIDA.
Hemos venido representando al Foro Internacional de Mujeres Indígenas, que articula los movimientos de mujeres indígenas de América del Norte, América Latina, África y Asia. Hemos venido conscientes del reto económico que hoy enfrentamos, sabiendo sin embargo que las mujeres del mundo hemos dado enormes pasos. Las feministas, luchadoras por los derechos de las mujeres, dieron pasos que hoy seguimos. Muchas de ustedes han sido nuestras maestras. Hoy venimos, sin embargo, a decirles que podemos potenciar nuestras luchas si encontramos formas de trabajo conjunto para avanzar en los movimientos.
Estamos acá para dar un paso más: la continua construcción de un movimiento feminista diverso y con principios. Principios tales como la solidaridad, la interculturalidad, la diversidad y con un carácter intergeneracional. Hermanas: el reto está puesto sobre la mesa y el cambio está en nuestras manos. Muchas gracias.
Ceremonia de inauguración:
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