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Nicaragua: De Ceremonias Y Cortes

Artículo sobre la toma de posesión del dictador Daniel Ortega.

Por Sofía Montenegro

Entorno “regio”

Al observar la metamorfosis de lo que alguna vez fue el Frente Sandinista y  lo acontecido en el país desde la llegada al poder de Daniel Ortega en el 2007, uno se da cuenta que ha ocurrido una verdadera involución histórica, pasando de un estado en proceso de modernización y descentralización, a uno con rasgos de sociedad cortesana, propia de regímenes absolutistas.  Los guerreros de antaño, han sido “domados” por un Ortega que ha adquirido hegemonía sobre la base de acumulación de bienes y operaciones que han eliminado la competencia. Así logró tomarse el feudo (el partido), creando una casa dinástica que se volvió albergue para guerreros fatigados y pobres, convirtiéndola en corte: un lugar de control y domesticación de los guerreros de otra época, pero también de  “nobles” burgueses y clérigos. El señor del feudo, con los mecanismos de monopolio en sus manos y la progresiva centralización de los poderes, ha devenido en un rey que les ofrece favores a cambio de servirle: una carrera para medrar siempre y cuando se conviertan en expertos en el arte de complacerle.  Es así como ha surgido una reconocible clase cortesana cuya voluntad política y anhelos libertarios han sido si no castrados, reprimidos. Es lo que explicaría el sometimiento abyecto a Ortega y la perpetración de abusos, violaciones y fraudes cometidos contra la Constitución y los derechos ciudadanos, que han tenido como resultado la entronización monárquica ocurrida el 10 de enero en la plaza.  Ese es el entorno “regio” que prohijó a la dictadura orteguista.

Sociedad cortesana

Como se sabe, un cortesano es una persona que sirve al rey y a su familia en la corte, cuyas relaciones están basadas en la confianza y el secreto. La ambición del rey así como la de los cortesanos es el centro de gravedad de la corte, no ningún proyecto político. De ahí que la competencia entre los cortesanos por el reconocimiento y el favor del monarca sea intensa y que las “intrigas de palacio” sean el sustituto de la violencia en los conflictos. La mentalidad y comportamiento del cortesano orteguista de hoy tiene parecidos rasgos de aquél que retrató La Bruyere en el siglo XVII: “Un hombre que conoce la corte es dueño de sus gestos, de sus ojos y de su expresión; es profundo e impenetrable, disimula sus malas intenciones, sonríe a sus enemigos, reprime su estado de ánimo, oculta sus pasiones, desmiente a su corazón y actúa contra sus sentimientos”. Implica el abandono de toda autenticidad y escrúpulos, así como la reducción de los umbrales de vergüenza en la dura competencia por el favor de Ortega y de la Mayordoma de la corte que le administra los asuntos. Portera inevitable de los aposentos del poder, es la persona ante quién se realizan el equivalente a las antiguas reverencias, adulaciones y besamanos, a fin de ser promovido a ministro, diputado,  alcalde, director, jefe de CPC, secretario político, capellán oficial, socio de algún Albanegocio o lo que sea. Nada queda ya de aquellos seres que lucharon alguna vez por ser hombres libres y ciudadanos.  Se convirtieron en aquello que Sandino denominaba una “bola de canallas”.

Ujieres y bufones

Los integrantes de la bancada oficial llegaron a ser nominados para la curul en la Asamblea Nacional por la vía del favoritismo debido a su obsecuencia con el “binomio Ortega-Murillo” como le llama a la pareja un notorio apologista. Es decir, por obedientes, dóciles,  sumisos y complacientes hasta límites insospechados. Son doblemente usurpadores por cuanto la calidad de diputado implica la responsabilidad de ser los representantes del pueblo y en este caso, ellos son representantes del seudo-monarca y están puestos ahí para complacerlo. Por otro lado, los diputados son elegidos por el voto libre y secreto de los ciudadanos, pero ellos fueron designados por el Consejo Supremo Electoral, sobre la base del fraude y el robo de las elecciones. Por ambas razones, son tan ilegítimos como Ortega e igualmente usurpadores de la voluntad ciudadana. A diferencia de las viejas cortes europeas, en la corte absolutista bananera predominan los ujieres y bufones y esa es la representación que tendrá el extinto partido de guerrilleros en la Asamblea. Su carácter de ujier (portero de palacio) quedó demostrado en la primera sesión del 9 de enero, cuando agredieron a las diputadas de la oposición por sacar una manta con un “No a la dictadura”. El de bufón lo ha ejemplificado el usurpador alcalde de León, “caído en desgracia” ante la Mayordoma real. Pese a ser humillado tan violenta y públicamente, tuvo el arrastre suficiente para declararse leal a palacio.

Autocoronación

La toma de posesión de Ortega no sólo representa la abolición de la Constitución y de la República, sino todo un retroceso a tiempos anteriores a la Independencia y a la Constitución de Cádiz de 1812.  De hecho, lo que hubo fue una autocoronación de Ortega en una puesta en escena anacrónica y farsesca, propia de esa articulación del poder colonial que el poeta Erick Blandón ha tipificado como “barroco descalzo”. Sin la legitimidad salida de las urnas y con un monumental e histórico fraude a la voluntad popular debajo de la tarima, los esfuerzos coreográficos de la consorte para hacer de aquello un acto creíble, respetable o solemne, resultaron en una ópera bufa. La plaza, repleta de cortesanos de toda laya, magistrados de mentira, jefes militares y el capellán real de la pareja, estaban ahí, además de las representaciones extranjeras, para ensalzar la pretendida “dignitas regia” del autoungido. La sentada de Chávez y Ahmadineyad a la izquierda y del Príncipe Felipe, a la derecha querían representar el apoyo de América Latina, Oriente y Occidente a Ortega y de paso a su mujer, que no tuvo empacho en ubicarse a su lado como la verdadera fórmula política, enviando al general-vice-presidente a una esquina, como para no dejar ninguna duda que el poder es de la Casa. El barroco descalzo quedó así elevado a la categoría de “barroco de Estado”, aunque debajo del oropel y la baratija, sigue teniendo los pies desnudos.

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