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Empoderamiento De Las Mujeres: ¿Qué Tienen Que Ver Los Hombres?

Empoderamiento de las mujeres:  ¿Qué tienen que ver los hombres?

El Foro albergó muchas sesiones interactivas simultáneas que permitieron discusiones y debates en grupos más pequeños y focalizados sobre una enorme variedad de temas que afectan a los derechos de las mujeres y la construcción de movimientos en el mundo actual.

En esta sección les presentamos las transcripciones editadas y resumidas de la sesión: "Empoderamiento de las mujeres: ¿Qué tienen que ver los hombres?"
Organizada por: Tessa Lewin, IDS
Presentadoras/es: Henry Armas, Mbuyiselo Botha, Andrea Cornwall and Samia Rahim

Puedes descargar el documento adjunto con fotos y diseños en formato PDF.

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Samia Rahim: Buenos días. Muchas gracias a todas y a todos por estar aquí. Bienvenidas y bienvenidos a la discusión sobre el empoderamiento de las mujeres y sobre qué tienen que ver los hombres con eso.

La mayoría de las feministas y los hombres se han resistido muchísimo a los temas de género y desarrollo. La verdad es que la mayoría de las feministas se muestran muy hostiles a la idea de involucrar a los hombres en nuestras luchas, porque a los hombres tradicionalmente se los asocia con la opresión, y las mujeres somos víctimas de esa opresión. Pero muchísimas de nosotras tenemos vínculos íntimos con hombres en nuestras vidas, a través de las relaciones con nuestros padres, nuestros hermanos e hijos, nuestros yernos, nuestros amantes y nuestros maridos. Entonces no resulta muy útil colocar a todos los hombres en la misma categoría y pensar en ellos como el problema, porque con frecuencia no lo son. Entonces, ¿cómo involucramos a los hombres en los movimientos feministas?

¿Cómo sucede eso? ¿Por qué los hombres cuestionan o renuncian a sus imágenes masculinas? ¿Qué se necesita para que los hombres se movilicen en los movimientos feministas y sociales? Estas son las preguntas que le voy a formular a nuestro panel y espero que ellos y ella compartan con ustedes lo que nos inspira para involucrar a los hombres en nuestras vidas y en nuestros movimientos feministas. Quiero presentarles a la y los panelistas. El primero es Henry Armas, abogado peruano de derechos humanos. Henry es el director de la ONG GRUPA y en este momento estudia en el Instituto de Estudios Sociales en La Haya. Luego tenemos a Andrea Cornwall, profesora investigadora en el Instituto para Estudios del Desarrollo (Institute of Development Studies -IDS) en Sussex. Es antropóloga social de formación y también es la directora de Caminos para el Empoderamiento de las Mujeres (Pathways to Women’s Empowerment). Por último, tenemos a Mbuyiselo Botha, Secretario General del Foro de Hombres Sudafricanos (South African Men’s Forum). Mbeki Ndiki y las Conmemoraciones del Estado para las Mujeres lo han elogiado por crear una nueva conciencia en los hombres de la nueva Sudáfrica.

Samia Rahim: Si las jerarquías de género vigentes privilegian a los hombres y a los niños, ¿dónde está el incentivo para que ellos trabajen por la igualdad de género?

Mbuyiselo Botha: Soy de Sudáfrica. Soy del movimiento de liberación al que me uní después de ver fusilar a mis padres en 1980/1986. El ANC nos enseñó que la libertad es para todas las personas. No puedes estar a favor de la libertad ni decir que estás en un país libre cuando la mayoría de la ciudadanía no es libre. Tengo un interés material en el trabajo que hago. Ese interés material consiste en que estoy criando dos hijas jóvenes. Tengo tres hijos: un varón que nació el 29 de septiembre de 1979, una niña que nació el 19 de febrero de 1990 y otra niña que nació el 15 de septiembre de 1994. Quiero criar a estas niñas de manera tal que entiendan y valoren que mi propia liberación forma parte de la de ellas, y que mientras la mayoría de la población mundial siga estando oprimida, yo estaré oprimido también. Aprendo de lo que ha sucedido en este país. La gente blanca nunca iba a ser libre mientras la mayoría del pueblo estuviera oprimido. Permítanme que ice mi bandera. No lo hago por ninguna otra razón que no sea mi propio interés. Y si esta mañana me preguntaran cuál es mi propio interés, diría que es crear un ambiente en el que mis dos hijas van a saber que cuando lleguen a casa no necesitarán mirar por encima de su hombro. Que no tendrán que pensarlo dos veces antes de salir de noche. Por eso digo que me corresponde a mí por ser hombre, tener cincuenta años de edad, vivir en Sudáfrica, garantizar que este trabajo tenga éxito por un resultado: nunca voy a afirmar que soy totalmente libre si la ciudadanía de mi país no lo es.

Samia Rahim: Mi próxima pregunta es para Andrea. ¿Qué es lo que te frustra de la forma cómo el movimiento feminista se relaciona con los hombres en este momento? ¿Qué cambios hacen falta en el discurso de los hombres y de las masculinidades?

Andrea Cornwall: Bueno, creo que vale la pena trazar un recorrido. Empecé a involucrarme con este asunto de la masculinidad a fines de la década de 1980 cuando había toda una ola muy interesante de trabajos inspirados en la obra de gente como R.W. Connell. Había varios libros y muchos debates. Yo era estudiante entonces y todo esto me resultó apasionante, aunque muchas de mis colegas feministas pensaban que era una verdadera pérdida de tiempo. Decían que estábamos distrayendo nuestra energía. “Si quieres estudiar algo, estudia a las mujeres. Estudia lo que está sucediendo con las mujeres. No pierdas el tiempo haciendo cosas con hombres, o sobre los hombres”. Pese a la oposición, me involucré en la compilación de un libro que fue uno de los primeros libros fundamentales para la antropología sobre los hombres y las masculinidades y que intentó exponer las formas limitadas en que hemos estado pensando acerca de los hombres y cómo los hemos esencializado. Fue apasionante. Pero luego me desilusioné bastante. A medida que íbamos avanzando, me di cuenta que los hombres no hacían nada por la igualdad de salarios, que ni siquiera les importaba en lo más mínimo. No los veía en la calle exigiendo una mayor representación política para las mujeres, por la igualdad en términos de representación política. No vi que les preocupara particularmente el hecho de no estar haciendo su parte del trabajo doméstico o de la crianza de sus hijas e hijos, o no ocuparse del trabajo reproductivo no asalariado... Al mismo tiempo, el discurso de los hombres y de la masculinidad se centró demasiado en lo íntimo. Se centró en los hombres como compañeros, se centró en la sexualidad de los hombres, y se centró en los hombres y la violencia. Pero no fue más allá para abordar el interés personal que pueden tener los hombres en aprovechar los privilegios que les da la sociedad. Eso también me frustró mucho. Al mismo tiempo que me iba sintiendo frustrada con todo esto, asistí a un evento que me cambió el escenario. En el Instituto de Estudios para el Desarrollo presentamos una publicación que analizaba los aportes feministas a las investigaciones sobre género y lo que había salido mal en la agenda del género. Deben haber asistido entre setenta u ochenta personas. Había cinco hombres y se pasaron toda la reunión preguntando por qué no había hombres en el libro. “En primer lugar, ¿por qué no invitaron a más hombres a esta reunión? Todos y todas trabajamos en violencia: ¿por qué no se toman estos temas en serio?” Había una frustración real. ¿Por qué no habíamos invitado (más) hombres? Lo habíamos intentado. De verdad. Sentimos que no era responsabilidad nuestra esforzarnos demasiado. ¿Dónde estaban los hombres? ¿Por qué no respondían a nuestras invitaciones? ¿Por qué no se ocupaban ellos de conseguir que también otros hombres se involucraran en estos debates? Así fue cómo me aparté del tema. Pero ese apartarme realmente me hizo sentir incómoda. Al salir de esa habitación le dije a una colega feminista que me había criticado mucho por ocuparme de estos temas: “¿Sabes? Tenías toda la razón, ya no lo haré más”. Pero en realidad me di cuenta que lo que lograron esas frustraciones fue que yo dijera “Esperen un momento. O bien digo ‘ya basta, no quiero ocuparme de esto’ o regreso y digo ‘¿dónde están sus preocupaciones por los temas estructurales? ¿Dónde están las oportunidades y los puntos de entrada para volver a politizar un debate que se ha despolitizado mucho?”. Cuando volví a involucrarme, pude canalizar algunas de mis frustraciones pensando en estas cuestiones, acerca de las estructuras, del poder, del privilegio.

Samia Rahim: Quiero preguntarle a Henry qué piensas que hace falta para transformar las instituciones que refuerzan y reproducen las jerarquías e ideologías de género opresivas.

Henry Armas: Bueno, antes de que empezara a cursar mi maestría yo trabajaba en una organización que se llama GRUPA. Una de las cosas que hicimos fue lo que llamamos “Escuelas para la ciudadanía”, en barrios pobres y con jóvenes que iban a la escuela, de 12 a 16 años de edad. Una de las cosas que siempre surgían en nuestros talleres eran sus preocupaciones en torno a la sexualidad... a las experiencias personales y a cómo vivir con sus identidades. No sabían qué etiqueta utilizar para expresar sus preocupaciones. Con el tiempo me di cuenta que muchas de esas preocupaciones podían caber bajo el rótulo del género. No hablábamos de muchas cuestiones de género, entonces algo que intentamos incluir fueron sesiones y oportunidades adicionales para conversar entre pares sobre estos temas. Sin embargo, nos dimos cuenta que el discurso de género presentado como género, como feminismo, podía resultar amenazador, sobre todo para los varones jóvenes. Una de las cosas que nos ayudó a hablarles sobre género, a hablarles sobre feminismo, fue la democracia. Cuando comenzamos a hablar de democratizar las relaciones de género, las cosas empezaron a funcionar. Pudimos utilizar algunas metodologías que las feministas utilizaban para explicar las múltiples dimensiones de la exclusión. Por ejemplo, utilizamos algo que se llama el “poder de las flores”. Así no era sólo que tú, como hombre joven, vives en una zona pobre, que no tienes agua, que no tienes cloacas. También se trata de que tu hermana, tu madre, tu vecina e incluso tu profesora son mujeres. En otras palabras: que había elementos adicionales de exclusión sobre los que era importante tener conciencia, y hablar de la democracia creó un puente que nos ayudó a hablar sobre género y feminismo. Por eso creo que el concepto de democracia es una buena herramienta que podría funcionar y que el feminismo podría utilizar, para habilitar un enfoque diferente y un trabajo diferente con los hombres. Por otro lado, está el marco de referencia político. Cuando trabajaba como abogado ayudando a la gente que no podía pagarse un profesional para atender casos de pensión alimenticia, una de las cosas que me llamó la atención fue la existencia de normas generales en la ley peruana que reflejaban los roles de los hombres o los reproducían. Una de esas normas era la de considerar a los padres como una especie de cajero automático, sobre todo cuando las parejas se habían separado. Me di cuenta que la ley castigaba a los hombres. A los hombres se les permitía aportar el dinero, pero no se les permitía brindarles afecto a sus hijas e hijos. ¿En qué medida nuestras normas, nuestro derecho de familia y nuestras diferentes políticas reflejaban esta construcción particular de lo que es un hombre? Creo que tenemos que prestar atención a estas políticas, porque reflejan y reproducen estas prácticas. Y el tercer elemento que considero importante son las prácticas cotidianas. Esas bromitas sexistas que se tienden a hacer en la oficina, en el lugar de trabajo, en las universidades. Esos comentarios al descuido. Alguien tiene que intervenir diciendo “Ey, eso no es divertido” o “¿Por qué estás diciendo eso?”. Alguien lo tiene que cuestionar, y hacer sentir vergüenza a la persona que lo está diciendo, generando así la oportunidad de al menos discutir cosas que se dan por sentadas. Creo que es importante librar esta batalla, esta pequeña batalla, en las prácticas cotidianas. Creo firmemente en el efecto mariposa, en que estos pequeños cambios pueden llevar a otros cambios, porque lo he vivido en mi propio ambiente, con mis amigos en Perú y con mis colegas en el extranjero. Esas pequeñas batallas pueden marcar una diferencia.

Samia Rahim: Mbuyiselo, en tu trabajo en el contexto nacional en Sudáfrica, ¿puedes compartir con nosotras cuáles son los desafíos a los que te enfrentaste en tu trabajo para entablar relaciones de género más equitativas?

Mbuyiselo Botha: El trabajo que hacemos en SAMFo (Foro de Hombres Sudafricanos)... no se trata de “ellas” y “nosotros”. El tema va más allá de los hombres porque está la percepción de que se está perdiendo poder. Está la percepción de que mi masculinidad ha sido cuestionada... El trabajo que hacemos en el programa de SAMFo, que se llama Un Hombre Puede, existe para decir que es posible tener una sociedad equitativa y para calmar los miedos... de perder ese poder. Necesito reivindicar el poder y hacer preguntas como “¿Qué es lo que te hace un verdadero hombre? ¿Tu físico? Como hombre, ¿eres un ser humano sólo en lo físico? ¿O hay otras cosas importantes que te hacen hombre?”. En el contexto sudafricano se da una situación en la que los líderes tradicionales proclaman que hacer ciertas cosas es parte de la tradición. En los últimos tres días asistí a algunas de las sesiones sobre religiones fundamentalistas y estuve pensando en algunas de nuestras batallas en ese ámbito en nuestro país. Y digo esto sin temor alguno a contradecirme, porque yo voy a la iglesia. En mi iglesia, vino un pastor y me dijo “Mbuyiselo, lo que haces en el Foro de Hombres (y en SAMFo), esas cosas aquí no se aplican. Aquí nos guiamos por la biblia. Nos guiamos por lo que dicen las escrituras, que el hombre es la cabeza. Tú estás bajo la influencia del pensamiento laico. Estás confundido y tienes un enfoque excéntrico. En el contexto africano, estas cosas no se aplican ni existen”. ¡Todo eso es mentira! Hay un dicho africano que dice “Tú eres porque yo soy, yo soy porque tú eres”. Esa es la génesis de donde surge este trabajo... ¿Qué le respondes a tu hija cuando viene y te dice ‘soy lesbiana’? ¿Te quedas en silencio? O mañana cuando te despiertes y leas en los periódicos que en Soweto dos lesbianas fueron asesinadas sin otra razón más que su orientación sexual, ¿te vas a quedar en silencio? Ella es mi hija. El es mi hijo. Yo los amo. Si hoy me quedo en silencio, ¿qué va a pasar mañana? ¿A quién van a recurrir ella o él mañana? Creo que fue un teólogo alemán el que dijo “No hablé porque era católico. No hablé porque era protestante. No hablé porque era judío”. Estoy diciendo que uno mira estas barreras y se queda en silencio ... ¿y qué pasaría si esas cosas ocurrieran en la casa de uno? Porque esas barreras no son insuperables. Esas barreras se pueden superar por una simple razón: porque nosotros como hombres tengamos algo que ganar superándolas.

Samia Rahim: ¿Qué estrategias se necesitan para crear sinergias con el movimiento de mujeres? ¿Cómo involucramos a los hombres en el trabajo por relaciones de género equitativas y por la justicia social? Tal vez Andrea pueda comenzar.

Andrea Cornwall: Para mí hay tres cosas ... Creo que necesitamos impugnar, cuestionar, cambiar e investigar las experiencias cotidianas reales de las mujeres y de los hombres para poder cuestionar estos mitos acerca del género que posicionan a las mujeres como indefensas y a los hombres como poderosos. Necesitamos cuestionar esos esencialismos de maneras muy profundas. Creo que limitan mucho nuestro pensamiento. De verdad limitan las imágenes de sí mismos que se les proporcionan a los hombres para que se identifiquen con ellas. Por ejemplo, piensen en los programas de micro-crédito y transferencia condicional de efectivo. El mensaje que se da allí es que los hombres son irresponsables. No tiene sentido darles dinero a los hombres. Ellos no pueden mantener a sus hijos ni a sus familias. Las mujeres son más responsables. Necesitamos hacer de las mujeres el arma contra la pobreza, dijo una de las agencias. Las mujeres se convierten en los motores de la economía; las mujeres son las que hacen que ocurra el desarrollo. ¿Dónde quedan los hombres en todo esto? ¿Qué clase de mensajes se les están dando con todo esto? Escuchamos muchos mensajes sobre los hombres y la violencia. Los hombres son violentos. A las mujeres hay que protegerlas de la violencia masculina. ¿Qué mensaje les transmite esto a los hombres? Un amigo mío me desafió a nombrarle una sola pareja, heterosexual, en la que se diera esa relación de poder que se describe en el discurso de género y desarrollo, y no pude nombrar una sola, en todas mis redes personales en muchos países. Y tengo muchísimas amigas y amigos en muchísimas posiciones diferentes en muchísimos lugares diferentes. Tenemos que salir de eso. No nos está ayudando ... Tenemos que salir de estos esencialismos por nuestros hijos. Hay algo muy personal en esto, en pensar cuáles son los mensajes que están recibiendo los niños acerca de lo que significa ser hombres. ¿Qué podrían sentir acerca de sí mismos si se vieran representados de formas diferentes? Lo segundo que quiero decir es que me parece que puede resultar improductivo calificar a algunos temas como “temas de mujeres”. Hay muchos temas que son asunto de todo el mundo. Cuando se habla de “género”, mucha gente entiende “mujeres”. En realidad, de lo que se trata es de una injusticia, de cosas que están mal, y cuando la gente se moviliza por cosas que están mal ... puede ser muy eficaz. Creo que este punto es muy importante. Alan Greig dice que la mejor forma de movilizar a la gente es mediante la identificación, no por sus identidades. No diciendo “Soy mujer, y por lo tanto esto es asunto de mujeres”. Mi tercer punto es que los hombres pueden ser aliados en nuestra lucha. Nos pueden dar su solidaridad y también hay trabajos que pueden hacer. Es mucho el trabajo que pueden hacer. Pueden trabajar para que otros hombres voten de forma diferente. Pueden trabajar para que otros hombres les exijan rendición de cuentas a los que ocupan cargos políticos cuando votan en contra de leyes progresistas o igualitarias en materia de género. Pueden hacer muchísimo más para exigir rendición de cuentas en los lugares de trabajo, en las calles, exhortando a los empleadores a que valoren y promuevan más a las mujeres. Pueden rechazar un ascenso si ven que las mujeres que los rodean no son promovidas. Pueden tomar verdadera conciencia de sus privilegios y hacerlos explícitos... Creo que esto es importantísimo. Se trata de cuestionar y modificar conductas. Se ha hecho muchísimo trabajo excelente sobre formas alternativas de ser hombre en las relaciones sexuales y en relación a la violencia. Llevémoslo un poco más lejos. Llevémoslo al lugar de trabajo. Llevémoslo a las calles. Llevémoslo a las instituciones políticas, valorando y haciendo visibles formas alternativas de ser hombre en el Parlamento. Formas alternativas de ser hombre en una fábrica. Hay otras formas de hacer las cosas, y creo que se trata de que los hombres tienen una responsabilidad enorme. Vamos a ser sus aliadas, y vamos a trabajar de manera solidaria con ellos. No podemos hacer el trabajo por ellos en estos aspectos. Son ellos los que necesitan hacerse responsables y rendir cuentas por todo esto.

Henry Armas: Me gustaría volver a las cosas que mencioné antes. Creo que he dicho lo suficiente acerca de lo que hacemos en los espacios cotidianos. Estas pequeñas batallas que tenemos que librar en nuestras vidas. La importancia de la democracia. Porque yo creo que la democracia no sólo nos ayuda a tener una relación diferente entre hombres y mujeres. También nos ayuda a ser civilizados, civilizadas: quién domina, quién no sabe leer ni escribir, quién es VIH positivo/a, a quién se la o lo discrimina. Creo que el discurso democrático es una herramienta poderosa que en general nos ayuda a ser civilizadas y civilizados. Me gustaría decir que es importante tender puentes entre el feminismo y otras experiencias epistemológicas. Todo el mundo debería estar hablando de la sociedad civil. Todo el mundo está hablando de la construcción de movimientos. Creemos espacios para la participación. De verdad pienso que el feminismo nos ha dado lecciones enormes acerca de cómo construirlos, y de cómo luchar contra la exclusión. Cómo reclamar plenos derechos. Y también pienso que este aporte poderosísimo del feminismo tiene que ser ampliamente reconocido. Lo personal es político, sí. Pero no sólo para las feministas.

Mbuyiselo Botha: Para mí, trabajar con el movimiento de mujeres es algo político. A nosotros, como hombres, nos corresponde reconocer como siguen sufriendo las mujeres. No podemos estar ciegos a la realidad de cómo yo, en mi propio hogar, me sigo beneficiando del patriarcado. Un día voy a regresar a casa y mi hija le va a decir a mi esposa, “Mamá, a partir de hoy le voy a pedir a papá que comience a lavarse sus calcetines”. ¡Mandela debería haber tenido más piedad de mi discapacidad! Pero me dijo que íbamos a tener un calendario en el que se indicara cuándo me tocaba lavar mis calcetines. Para mí eso fue simbólico. Y lo digo sin malicia. Para mí, hay simbolismo detrás de esto. Quiero volver a lo que dije antes, que es importante trabajar con el movimiento de mujeres, y también comenzar a escuchar, a escuchar como hombres. Los hombres tenemos un gran problema, que es que queremos mandar y al hacerlo recreamos estas formas viles del patriarcado. Por eso es importante dejar que nos manden, porque también es importante que seamos más humildes, que aceptemos que las quejas y la ira que sienten las mujeres no están fuera de lugar. Eso tiene una historia. Es importante valorar a las mujeres y no a puertas cerradas sino en público. Les voy a dar un ejemplo. Trabajo en la provincia de Limpopo con financiamiento del DFID (Departamento del Reino Unido para el Desarrollo Internacional). Hace quince años que hago este trabajo, pero me siento a aprender de las mujeres de esa provincia -que no tienen recursos- acerca del trabajo que hacen. Escucharlas me inspira y me alienta. Digo que es muy importante que entendamos, escuchemos, apreciemos, valoremos esas experiencias pero también que digamos que las valoramos y que movilicemos a otros hombres. Pero también es importante preguntarles a los grupos de mujeres que son trabajadoras de qué formas podemos cambiar esta sociedad. Siempre me molesta ver cómo los hombres son los que ocupan los cargos importantes todo el tiempo. El Secretario General de COSATU (Congreso de Sindicatos Sudafricanos) es varón pero la mayoría de las afiliadas son mujeres. ¿Por qué las mujeres votan a los hombres para esos cargos? Este año celebramos el nonagésimo cumpleaños de Nelson Mandela. El partido político ANC (Congreso Nacional Africano) es el movimiento de liberación de mayor envergadura del continente. ¿Por qué a esta altura de los tiempos el ANC todavía no ha elegido a una mujer como presidenta? ¿Por qué? La mayoría – y obedezco los dictados de la lógica- la mayoría de las miembras y miembros del Congreso Nacional Africano son mujeres. ¿Por qué ni siquiera las mujeres lo han propuesto? Las capacitaciones que hacemos, los talleres que dictamos en las iglesias, en el movimiento, en las universidades, son todos pasos pequeños pero importantes. Este trabajo es difícil. No sé cuántas y cuántos de ustedes conocen el trabajo que hacemos en el movimiento de hombres. Es un camino solitario. A veces uno se pregunta si vale la pena, si quiere seguir adelante. Lo que lo hace tan solitario es que por hacer este trabajo se dicen cosas de uno. “¿Tienes algún problema? ¿No puedes hacer algo importante, constructivo? ¿No puedes encontrar algo sustantivo para hacer?” ¡Dicen que uno hace este trabajo porque tiene una discapacidad! Lo que me entristece de esto es que dice mucho de lo que piensan los hombres de la masculinidad. Permítanme concluir diciendo que en este país la semana próxima celebraremos los Dieciséis días de activismo contra la violencia de género (que también se celebran) en el mundo entero. Para mí esto es importante. Es el comienzo. Estoy con un colega mío y me siento alentado por él. A él lo han calificado de joven y él diría que es posible. Que puede suceder.

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